4 dic. 2010

El ojo

Te hallas tan distraído que este tropiezo parece no tener sentido, sin conciencia del tiempo y espacio andas agarrando el hocico magnético que te separa de este ojo de gato que te esta acechando.
Tú has pensado acaso que teníamos que encontrarnos? Si... y, ¿Que tal los intentos?, ¿las malas conductas y la poca razón?. Te lo intento preguntar con la mirada a unos cuantos centímetros porque el grito agudo del pensamiento me obliga.
Por eso no puedo apurarme, en estos casos es mejor esperar, y camino en honor a la silueta que me hizo atravesar el tiempo con un grito del cosmos en la noche y me oculto en este gran momento lleno de nervios, sin ningún aviso, mientras tu estas colgando en la soga del encantamiento sin saber que lo estás, sin saber de este ojo, mientras balanceas tu son en ese árbol milenario que ninguna mentira se traga y que ninguna verdad asoma.

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