30 nov. 2010

Gusano

Y está inmediato, aquí es cuando subestimo la ocasión retornando a la posición; vuelve el gusano que muerde el estomago nutriendo su hambre de la agonía y el histrionismo insensato que genera el engarce entre estas figuras. ¿Qué evidencia imaginar?, será acaso, ¿apetecer lo que de pequeños nos enumeran?, nos difunden ese relativo ideal de felicidad.
Y después nos damos cuenta de que estuvimos atravesando el pantano, un zapato está perdido y el vestido rojo se ha roto. ¿Acaso vendrás por mi en un auto cubierto de gracia?. No, más bien la pasaremos mojados y sentados en el andén examinando aquellos transbordos que ideamos mientras con un beso acicalamos la anarquía que estamos configurando. La lluvia también hace de las suyas.

Y no da más, se manifiesta el sonido de estas teclas, tú estás en la delantera, en posición de batalla agarrando la cubierta como refugio de todo lo que tu maquina esta por estallar. Soy un volcán en erupción constante, ardiendo, ¿acaso tu que pretendes?, expulsando en mi cara y deslizando tu ardiente lava para dejarme la quemadura, no obstante, todo esto es corto circuito. Siempre estamos reventando gusanos.

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