9 nov. 2010

Flamante, flameante

¡Si!. Es cierto que llegamos a esta fase un tris despistados, por eso sospechamos con la mirada perpleja y la impresión en el centro abraza más fuerte. Este terreno flamante flameante engendra un misticismo vacilón que nos agita. Ese tono burlón es el que nos aviva la alerta, el mareo produce vueltas en la cabeza, y todo en aquel redondel que parece sin remate nos crea todas las suposiciones, intenciones, propósitos, incluso a veces fantaseamos. Mientras tanto, el tiempo toma su ventaja, no sabemos si apresurado o pausado, pero se siente tranquilo.
Este camino puede tener fin, pero no tiene retorno. Este camino aún no da señales de un desenlace, pero, territorio flamante flameante quiero flamearte.

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