5 nov. 2009

Un pequeño cuento


Elena

Este cuento lo escribí cuando tenia 14 años de edad, es una mala historia y pesima redacción pero no deseo modificarlo, quiero conservarlo así por el valor que representa para mi haber comenzado a escribir hace tantos años.

Seis años después de haber participado en las guerras de Moscú me hallaba dispuesto a regresar al hogar, pronto terminaría la guerra y nuestra victoria estaba asegurada. Era coronel y me sentía muy satisfecho por lo que había logrado.

El señor y la señora Ribalta me adoptaron a la edad de nueve años, dos años despues de la masacre de kaluga en la cual fueron asesinados mis padres. Al quedar huerfano fui llevado a un horfanato donde me pusieron en adopción lugar donde me encontraría con los esposos Ribalta. Nunca voy a olvidar el día en que llegaron por mi, me dieron una gran sonrisa y me tomaron de la mano alejandome de esa oscura habitación de la que ya estaba aburrido. Antes de salir nos dirigimos a los cuartos de las niñas, caminamos un largo pasillo y llegamos a la habitación 405 donde me encontre con la mas hermosa sorpresa; una niña de belleza extraordinaria, piel blanca, cabello rubio, ojos claros. Un lindo vestido rosado le llegaba a la rodilla, cubriendo ese lindo cuerpo delgado y haciendo brillar sus enormes ojos, mientras la pareja Ribalta discutian algunas condiciones con el director de la fundación me le acerque rapidamente a ella sin quitarle la mirada de encima, mirada que estaba llena de tristeza. Le pregunte - ¿Cómo te llamas? - Con una dulce voz respondió - Elena - Volví y le pregunte - ¿Cómo era tu madre? - Nunca la conocí, pero se que fue hermosa - me hablo mientras sus ojos brillaban al mirarme.
- Preparence, es hora de partir - Dijo el señor Ribalta mientras me agarraba de la mano.

Mientras abandonabamos el lugar no podia dejar de sentirme nervioso pues iria a vivir de nuevo en familia, la mire a ella, que caminaba a mi lado y la sujete de su mano, sus manos sudaban y temblaban, estaba llena de miedo. - Mi nombre es Walter Ribalta y mi esposa se llama Catalina, ahora somos sus padres y seremos una gran familia - Dijo el Sr. Rivalta mientras nos montaba a su auto.
Camino a nuestro nuevo hogar el Sr. Rivalta nos hablaba de sus aventuras en el ejercito (muy aburridas para mi pues no dejaba de mirarla a ella). - Estar en el ejercito es para hombres de verdad, te enviare alla Nicolas, lo tengo todo planeado - Me hablo el Sr. Rivalta, no comente nada al respecto. Senti un alivio al llegar a San Petersburgo, la ciudad donde seria mi nuevo hogar ya que por fin se iba a callar el Sr. Rivalta. Nos detuvimos en la casa mas grande y hermosa que mis hojos jamas habian visto, mis padres eran muy humildes y siempre habian tenido problemas de dinero.

Tiempo despues de llevar una extraña relación de familia, mientras cenabamos el Sr. Rivalta continuó con sus historias del ejército, era alto, de cara alargada y arrugada, pelo castaño con algunas canas y grandes ojos color miel. Elena no comió, solo agachaba su cabeza, hecho que disgusto al Sr. Rivalta el cual replicó - Eres una niña muy malcriada, mis hijos no seran unos rebeldes - Elena, con lagrimas en sus ojos se paro y grito - ¡Yo no soy su hija! - se paro rapidamente y salico corriendo para su habitación. El muy disgustado la siguió mientras le decia - Ninguna vagabunda va a desautorizarme, tu sabes las consecuencias! - La Sra. Catalina solo recogió los platos de la mesa y se dirigió a la cocina, sin decir una sola palabra. Las palabras del Sr. Rivalta despertaron en mi una gran sospecha, me disponia a ir donde ella y la Sra. Catalina me tomo del brazo y me dijo - No te involucres, vete a dormir a tu cuarto -

Dos años despues, llego el día que tanto me temia, el Sr. Rivalta expreso mientras comiamos - Nicolas, en dos días te enviaré a la escuela militar de Moscú - No comenté nada, el era el responsable de mi, supuse que era lo correcto. Elena se mostro muy triste, le pregunte que le sucedia y me respondió susurrandome al oido - Crei que todo cambiaria, pero sigue igual - No entendí sus palabras, pero guarde silencio. Llego el dia de mi partida, abracé a Elena unos instantes y nos sonreimos, era nuestra despedida.

Dies años despúes pude volver a casa, iba de vacaciones, me encontraba muy alegre por que por fin me veria con Elena, no habia dejado de pensarla un solo día desde que parti. Mayor fue mi felicidad cuando fue ella quien me abrió la puerta, estaba mas hermosa que nunca, habian pasado los años y era toda una mujer, ella, con los ojos brillando de emoción me dijo - ¡Nicolas, de nuevo estas aquí! - Los señores Rivalta salieron rapidamente. Compartimos una gran parte de la noche mientras me escuchaban contar las historias del ejército, era lo unico de lo que queria hablar el Sr. Rivalta, llego el cansancio y cada uno se fue a su habitación.
No podia dormir, no dejaban de pasar imagenes de ella en mi cabeza, estaba hermosa. Decidí ir a visitarla silenciosamente a su cuarto, sin golpear la puerta la abri suavemente y mis ojos solo puedieron hacerce grandes del asombro; el Sr. Rivalta estaba sobre ella. El, asustado por mi presencia se dispuso a agredirme fisicamente - ¿Por que entras sin avisar? ¿Donde estan las enseñanzas del ejército? - Me gritaba mientras me golpeaba, Elena no podia dejar de llorar y gritar - Nunca debiste haber regresado - Continuo el Sr. Rivalta con un tono violento - ¡Ella es una ramera! - Fue tanta mi desesperación que agarre una porcelana que estaba cerca y lo golpeé fuertemente en la cabeza, el Sr. Rivalta cayó en el piso sin volverse a mover más.
La Sra. Catalina en esos momentos estaba entrando al cuarto, preguntando - ¿Qué pasa aquí? - Elena, muy angustiada le responde - Cayó accidentalmente -
Por supuesto que la Sra. no lo creyó, ella sabia lo que realmente habia pasado, muy fria, como si la situación no le importara asistió - Era lo mejor que podia pasar -

Decidí casarme con Elena, la amaba desde el primer momento que la vi. La Sra. Rivalta, quien ya estaba muy vieja no se opuso en ningún momento.

Ahora, que ha terminado la guerra, vuelvo definitivamente a mi hogar, donde me esperan mi hija y Elena, deben de estar más bellas que nunca.

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